Hay pequeñas molestias que, por repetidas, acaban formando parte del paisaje cotidiano. En Windows 11, una de ellas ha sido durante mucho tiempo el comportamiento del Explorador de Archivos cuando toca buscar algo en carpetas grandes: ventiladores que se aceleran, picos de memoria inesperados y la sensación de que una tarea sencilla exige más recursos de los razonables. No es un problema nuevo, pero sí uno de esos detalles que, cuando se corrigen, cambian la percepción general del sistema.
Microsoft está probando una serie de ajustes discretos pero importantes en el Explorador de Archivos que apuntan directamente a ese problema. Las pruebas se están realizando en versiones recientes del canal Windows Insider, donde ya aparece una optimización centrada en reducir el consumo de RAM y CPU durante las búsquedas. El objetivo no es añadir funciones, sino corregir un comportamiento ineficiente que llevaba años arrastrándose.
El origen del problema está en cómo el Explorador gestiona las búsquedas dentro del sistema. Al rastrear carpetas con muchos archivos, el proceso podía caer en tareas redundantes, repitiendo operaciones de indexado que ya se habían realizado previamente. El resultado eran picos de uso de recursos que no siempre tenían una justificación clara desde el punto de vista del usuario, pero que se dejaban notar con especial crudeza en equipos con memoria limitada.
La mejora que se está probando ahora se basa en una idea tan simple como efectiva: evitar esas duplicaciones. Microsoft ha afinado el proceso de búsqueda para eliminar indexaciones repetidas, de modo que el sistema deja de revisar los mismos archivos una y otra vez durante una misma consulta. No es una reescritura profunda del Explorador, sino una optimización lógica que debería traducirse en búsquedas más ágiles y, sobre todo, en un menor desgaste de los recursos del sistema.
Conviene recordar que el Explorador de archivos no cuenta con un motor de búsqueda propio. Depende del indexador general de Windows, un componente pensado para trabajar en segundo plano y acelerar el acceso a los datos. El problema es que, en determinadas circunstancias, ese indexador podía entrar en bucles poco eficientes. Al cortar esos “dobles chequeos”, el sistema reduce la carga global y se comporta de forma más predecible, algo especialmente valioso en portátiles o equipos con 8 GB de RAM.
Más allá de la optimización interna, Microsoft también está aprovechando estas builds de prueba para seguir limpiando la interfaz del Explorador. En concreto, el menú contextual que aparece al hacer click derecho se está reorganizando, relegando opciones menos utilizadas a submenús específicos. Funciones como copiar la ruta del archivo, comprimir o rotar imágenes no desaparecen, pero dejan de saturar el menú principal, lo que ayuda a que las acciones habituales queden más a mano.
Estos cambios todavía están en fase de pruebas, pero todo apunta a que no tardarán demasiado en llegar a la versión estable de Windows 11. Si se cumplen los plazos habituales, podrían desplegarse de forma general entre finales de enero y febrero. No son novedades espectaculares ni titulares llamativos, pero sí de esas mejoras silenciosas que hacen que el sistema se sienta más pulido. A veces, optimizar lo básico es la mejor forma de avanzar.
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